Con Mirada Bien Tapatía
Por Dolores Diaz, Maestra en Ciencias Políticas y Culturales.

“Por una humanidad más humana” frase celebré de la Dra. Irene Robledo. La única mujer que descansan sus restos en la rotonda de los Jaliscienses ilustres, la primer mujer que aparecen como fundadora de la universidad de Guadalajara y a quien se le recuerda y celebra por abrir camino en una época donde la paridad ni se pensaba. A 136 años de su nacimiento se le recuerda con cariño en la máxima casa de estudios, no solamente como homenaje, sino porque también se reescribe la historia. Hay actos que no son homenajes: son correcciones históricas y no fue un gesto menor.
Un espacio lleno, de esos llenos que no se logran con convocatoria, sino con sentido, desde la parte baja hasta los asientos superiores, cada mirada puesta en el mismo punto: reescribiendo la historia con anécdotas de Ruth Padilla, Fernanda Romero, Karla Planter, nos recordó como Irene Robledo, esa mujer que sin nombramientos logró desayunos escolares, dirigió escuelas, conquistó sindicatos, quien, desde la humildad, realizó con carácter logros para la academia, y para la sociedad. Existen actos que son políticos y sumamente simbólicos. Con murales de Clemente Orozco como testigo, estos murales imponentes que no solo decoran, sino que observan, esos murales que recuerdan y hasta incomodan. Uno de esos momentos donde el pasado y el presente se reencuentran para reescribirse. El corazón simbólico de la Universidad de Guadalajara se dispuso para algo distinto: celebrar el nacimiento de una mujer.
A 136 años de su natalicio, Irene Robledo vuelve al centro de la historia que ella misma contribuyó como refundar, la primera mujer en recibir un doctorado honoris causa y una mujer que incluso después de su muerte siguió haciendo historia, es un recordatorio de que las mujeres siempre estuvieron, aunque la historia se empeñara en desdibujarlas. Este martes en cuatro guardias de honor se plantaron las rectoras, mujeres que dirigen con orgullo un centro de estudios, también miembros de consejo general quienes representan la comunidad universitaria, directivos de escuelas, así como las Paritaristas, quienes se negaron a que su legado como refundadora siguiera siendo invisible invisible, además la guardia de la familiar que con cariño nos recuerdan todos los actos que realizó, todos ellos nos recuerdan que al plantarse en la guardia de honor, la historia se sigue escribiendo, seguimos incomodando y cuestionando, marcando el momento, porque las estatuas no devuelven el tiempo.
Porque las mujeres no solo avanzamos: también regresamos por las que fueron invisibilizadas, lo que ocurrió en el Paraninfo no fue un homenaje. Fue una conversación entre generaciones de mujeres. No era un evento para suavizar la memoria, sino para incomodarla. Para colocar a Irene no como figura decorativa, sino como una presencia viva, disruptiva, vigente.
Ya lo mencionó Bertha Magdalena Ramírez de Alfaro: “Una mujer independiente, autosuficiente, con un buen sentido del humor fino, pero a veces cáustico. Extremadamente orgullosa y terriblemente agresiva con quien lo merecía. Mujer excepcional, difícilmente de encontrar algo similar. Honesta intelectual y moralmente. Feminista inteligente, no ubicaba al hombre como ángel o demonio” Porque a Irene Robledo la llamaron “enojona”. Como se les llama a las mujeres que incomodan con carácter, claridad, y con ética que no se negocia.
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