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La literatura para transitar por la realidad que tanto nos duele: Dolores Reyes

  • Cometierra, un libro que nos lleva por el dolor en la búsqueda de las desaparecidas, y el amor y hermandad de los jóvenes.

Juana María Ramírez.-

“Me parece que la literatura tiene ese poder agarrar al lector y obligarlo a transitar una experiencia y que sea significativa; que salga de esa experiencia de lectura transformado y que intervenga la realidad de otra forma que no es tan fría, que no es número frío, bueno, los jóvenes, mira esta vida, lo que atravesó, lo que pudo hacer a pesar de todo esto, mira lo que quiere, los sueños y lo que nos arranca”. Señala Dolores Reyes autora de Cometierra (editorial Siglo, ed. 2020), una novela desgarradora a la vez que llena de luz y esperanza donde los personajes, jóvenes, hijos de la violencia aprenden a andar sobre esta tierra que guarda los secretos que solo le son revelados a la protagonista  y dar con algunas mujeres desaparecidas.

Cometierra, una novela singular que desata todo tipo de sentimientos por sus protagonistas que dan al lector ganas de cuidarlos, y la impotencia de saber que su desamparo es una realidad en toda Latinoamérica además del dolor de las personas desaparecidas.

Platicamos con Dolores Reyes durante la pasada FIL Guadalajara, su libro había salido en plena pandemia y como tal las actividades de promoción, cuando menos en persona, no habían ido tantas, pese a ello su libro leído en el mundo entero se ha convertido un llamado a esa problemática que se extiende peor que el virus que nos encerró, para acabar con miles de mujeres que solo han tenido la culpa de eso, de ser mujeres.

Dolores, feminista acérrima, pero llena de una ternura que se mezcla con la fuerza de sus convicciones, platicamos, más que entrevistarla.

Llama la atención que Cometierra y la otra chica, Miseria, son los únicos personajes que no tienen nombre en la novela.

Hay muchas razones, muchas veces pensamos que nos es dado un nombre, una nacionalidad, una casa; lo que consideramos mínimo para un ser humano. Hay muchas poblaciones en nuestros países que todavía no lo tienen, niños abandonados, niños que no tienen nombre, desaparecidos a los que le han robado la identidad; Cometierra es de un barrio marginal, precarizada por la condición económica, la periferia, pero también por la violencia machista, bueno, también pierde el nombre y empieza a ser llamada con ese nombre que es un poco un estigma: después de comer tierra de la tumba de su mamá, justamente ella ve ahí que tiene ese poder por un lado y por el otro esta despidiendo a su mama y se entera en ese momento que la madre esta muerta y que el padre es el feminicida, entonces empieza a comer tierra como una forma de guardarse a esa mamá,  cierra los ojos y ahí descubre ese poder.

 Ella va creciendo y la violencia se le va viniendo encima cada vez más, desaparece su maestra y ella vuelve a probar a ver si funciona, vuelve a probar con el destapador de su papá y realmente resuelve, encuentran el cuerpo de su maestra por un dibujo que ella hace en la escuela de ese Corralón Panda, entonces, comienza a consultar, ¡hay tantas gente en nuestros país que busca a un ser querido! Que al saber que alguien es un vidente auténtico, una buscadora efectiva porque encuentra a esos cuerpos, a esas personas, todo esto hace que la consulten.  Y esta esa noble naturaleza que tu dices, por un lado esta esa huérfana víctima de la violencia que perdió a su mamá, que es pobre y que está en una casa muy precarizada, que tuvo que dejar la escuela, pero por el otro lado esta este don y esta fortaleza que van adquiriendo junto con su hermano Walter que nunca se abandonan, se acompañan, que se respetan incluso cuando no están de acuerdo.

Walter muchas veces le dice que no coma tierra, quiere protegerla, pero ella dice que sí que va ayudar, quizás el no esta de acuerdo pero siempre la respeta, siempre la acompaña, incluso en situaciones muy duras porque la violencia los va acorralando y tienen que resolver con esa fragilidad con esa pequeñez de recursos que tienen; algo que nuestros estados con la obligación y la responsabilidad y todos los recursos materiales muchas veces no hacen.

¡Que ganas de que existiera alguien así, que pudiera encontrar a nuestras desaparecidas!

Luego de la publicación de la novela me empezaron a escribir un montón de personas, desesperados porque les faltaba una tía, una madre, una hermana, desesperados porque les presentara a la vidente de verdad o preguntándome si era yo la que tenía el don, o que si yo era médium. Uno piensa, bueno uy que forma literal de leer, pero por otro lado  escuchaba, leía las historias desgarradas y entendía la desesperación de una madre que busca a su hija diez, quince años, eternamente, porque desafortunadamente vuelvo a esto, los estados menosprecian esas vidas y no las buscan, en Argentina es muy común que ante una chica desaparecida sean los vecinos o los familiares los que terminan encontrando el cuerpo y que la policía diga que sí cuando en realidad no está buscando”.

También existe ese pretexto tan común de señalar a la víctima, como que se fue con el novio, pero salía de noche, dejó la escuela… ¡pero es una chica de 18 años! tiene toda la vida por delante, que es hermosa, que tiene seres queridos, bueno, justamente lo que trato de hacer con la novela es eso, sacar del número frío, del menosprecio, ese “en algo andaría”, y bueno, mostrar una vida, mostrar el dolor terrible que tiene para nosotras todas esas mujeres que nos faltan.

Por eso también elijo a un personaje que es hija de un feminicidio, porque ella al perder a su mamá sabe lo que esas personas están atravesando, entonces ahí se genera una cierta empatía y ella por más que este cansada, porque el don también tiene una suerte de costo fisco y psíquico muy fuerte, de ver todas esas violencias, bueno, ella siempre termina decidiendo ayudar.

Estas historias de mujeres desaparecidas, a veces pensamos que es algo que se da sólo en nuestro país, pero luego vemos que es algo que ocurre en todos lados

Yo tenía muchas ganas de venir a México, en particular porque crecí viendo que al igual que en Argentina esto de las buscadoras, mujeres que buscan, organizaciones, en Colombia también pasa lo mismo, y que buscan en la tierra un resto, un pequeño huesito o resto dental para identificar un cuerpo y saber que esa persona murió, que deje de ser un desaparecido, ¿dónde están? ¿Qué les pasó?

Entonces se me ocurría siempre viendo esas imágenes, que la tierra, bueno la tierra, de ahí viene lo mas esotérico, místico, la tierra sabe, de alguna forma es una tierra que esta super conectada con la vida, porque hace crecer las semillas del alimento pero también es la que sabe donde están nuestros muertos.

Es nuestra identidad; es algo absolutamente cultural y necesario despedir a los muertos, velarlos, escribirles un epitafio, palabras dulces para nuestros muertos. Y que la violencia en nuestros países nos arrebate hasta eso, no solo la vida sino el derecho a una identidad, a una tumba, a que nuestros seres queridos nos despidan, a retomar esas hijas que  nos han arrancado y también poder despedirnos o hacerlas sentir amadas por primera vez, bueno la tierra sabe y yo necesitaba ahí como un link,  un conecte, entonces por eso Cometierra hace esto tan raro que es comerse la tierra, lo que hace justamente es conectarnos con esa sabiduría.

Y está la parte de todos esos jóvenes que tienen que aprender a vivir con carencias y sumidos en la violencia

Son violencias hacia la vida de los jóvenes en particular si son de barrios marginales.

Eso también tiene que ver con lo quise trabajar en la novela, siempre se les menosprecia: que no hacen nada, no tienen ganas de hacer nada, «en nuestra época queríamos superarnos», queríamos esto, queríamos otro, y en realidad yo siento que ellos tienen un montón de sueños y tienen toda la potencialidad y talento de la vida por delante y en realidad el mundo de los adultos, lo que nosotros les dejamos construido es bestial, están atravesando por miles de violencias estructurales y que ellos, en esa manera terrible hacen lo que pueden y sin embargo cuando ellos están solos pueden vincularse, no se violentan, como Walter y Cometierra y esos chicos que vienen con una cerveza, un juego y pasan la tarde y construyen ahí en pequeño comunidades saludables.

Esperabas este recibimiento de la novela

 Superó inconmensurablemente mis expectativas, sobre todo, yo pensé que iba a tener un recorrido pequeño como cualquier primera novela, que la iban a leer amigos y que la iban a recomendar, estaba muy contenta volviendo a las lecturas del libro, diciendo bueno, el que lo lea le va a gustar, pero jamás pensé que íbamos a llegar a tantos lugares del mundo; a veces me escribe gente de Estados Unidos, la India, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Italia, que muchas veces me pregunto ¿que es lo que leerán? porque son países y culturas muy diferentes y sin embargo todas estas cuestiones universales están ahí.

La violencia la conexión con los muertos, la necesidad de saber de todos ellos, pero también las partes luminosas que tienen. Esa relación de hermanos, la hermandad, la amistad que para mí es fundamental, esto de la vitalidad de querer enamorarse de querer salir a bailar, a escuchar música, a compartir, ser jóvenes, es una novela que tiene estos dos pies, por un lado, el lado obscuro terrible de la muerte de la depredación y por otro lado la muy vitalista que es muy hermoso también.

¿Si tuvieras enfrente a Cometierra que le dirías?

Le diría gracias porque sería mucho mas fácil no destapar las botellas, no poner ahí el cuerpo, el alma, entonces le diría que gracias por poder cerrar algunas historias porque para la gente que busca recuperar un cuerpo es muchísimo es todo. Velar, volver a la tierra, despedirse con amor de esos seres queridos como se merecen y seguir la vida por delate, sino es una tortura eterna para esa gente

Yo creo que la novela viene de eso, la certidumbre y esto de anudar de alguna forma tierra y justicia que vuelvo a decir, en Latinoamérica es tan impalpable.

¿Por qué la tierra?

Bueno uno deja algo en la tierra nuestro, además del pelo, la sangre, uno deja parte de la experiencia, es un ida y vuelta, es una conexión que, a veces yo siento se menosprecia o se rompe por estas cuestiones de pensar el alma pura, el cielo,  pero estamos en la tierra y si pensamos en nuestras culturas ancestrales la Pacha Mama, la Madre Tierra, Adama, Demeter,  Gaia, son siempre las madres dadoras de vida pero también las segadoras, las Parcas, las que vuelven esos cuerpos a la tierra para continuar con el círculo. Yo sentía que la violencia rompe justamente con el ciclo… desequilibrio bestial que es lo que padecemos nosotros y que de alguna forma un personaje que pueda restaurar un poco toda esta liazón, con toda esta sabiduría que bueno, es muy básica y muy necesaria y que ha sido el sustento desde hace cientos de años de nuestras comunidades.

Lo que viene

Dolores Ríos, nos cuenta que ya trabaja en una segunda  parte, se llamará Miseria, como otro de los personajes femeninos sin nombre que aparecen en Cometierra, señala ya llevarla bastante avanzada y espera que este mismo 2022 pueda ver la luz. En esta, nos adelanta, se sabrán mas cosas de la vida de Cometierra la cual quedó abierta en la primera parte  “hay muchas cosas que quedaron abiertas porque necesitaba de un recorrido de escritura mayor, que tiene que ver con la señora Florencia, bueno un montón de cosas, de ella misma, de la historia de sus padres que estaban muy sueltas del futuro de los tres, por ahí vamos a transitar.

Le decimos que sí, que nos quedamos con dudas sobre que es lo que sigue: La vida, nos responde.

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