Se apega fielmente a la narración

A simple vista se creería que es una muchacha ordinaria, porque va con ropas que le acomodan y la cara lavada, mostrándose tal cuál es; serena pero intencionalmente se encuentra parada en un entronque. Si el hombre que espera no llega sabe muy bien la ruta que va a elegir, aun así aguarda, porque la historia que quiere narrar merece ser escrita desde dos puntos de vista.

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Ya en la cama, cada noche lee varias páginas del libro en turno; al apagar la luz lo deja abierto sobre el buró, con la esperanza de que el viril protagonista heroicamente se materialice, consiguiendo rescatarla de la monotonía y la rutina, pues ha leído que en la vida real estos personajes no existen.

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Los ríos que puramente fluían, hoy se arrastran empeñados en limpiar la miseria humana.

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sue;osHay noches que quiero dormir de corrido sin gastar en sueños, para que me alcance a despertar en una nueva vida.

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Esta historia se la entreleí a Onetti: Es sábado, y un gran número de parroquianos de Santa María se han dado cita en el almacén, saben que el doctor Ruiz, terminando sus guardias del medio día pasará por ahí, pedirá su tradicional almuerzo, que consta de sándwich y un café, y cruzará palabras con el tendero mientras espera que llegue el tren; están ansiosos de saber si revelará información sobre la leyenda del basquetbol, un paciente que los tiene a todos especulando sobre su hermética vida; el muchacho, como suelen referirse a él, en sus diarias salidas del chalet, que recientemente alquiló, vaga en silencio por el pueblo arrastrando una chiva tras de sí para visitar en el cementerio la tumba sin nombre. Si Onetti la leyera, la complementaría con varios detalles relatados por el tendero y afirmaría que se apega fielmente a la narración, que dice, le conté.

Rita Stenner

Del taller Al Gravitar Rotando

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