Columnas

De democracias a democracias (Columna)

Jaime Hernández Ortiz*

En el mundo de la política y de la clase política la palabra democracia es sin duda una de las más usadas. Si un actor político se encuentra en la oposición exige su práctica y cuestiona su ausencia. Si ejerce el poder dice que la práctica y que se basa en ella.       

En realidad, la democracia se encuentra muy lejos de ser vida y practicada no solo por la clase política sino por el grueso de una sociedad.

No obstante, la dificultad para materializarla lo cierto es que la democracia es tan necesaria en una sociedad como el vestido y la comida, el trabajo o el dinero; es decir, real, efectiva o simbólica, incierta o la democracia intentamos que sea una realidad constante y mejorable en la vida cotidiana.

La verdad es que vivimos en sociedades cada vez más complejas y por lo tanto es cada vez más difícil definir que es democrático y que no; y también es muy complejo cómo ponerla en práctica, cuándo y dónde.

Indefinición

Podemos decir de manera inicial que la democracia en un sistema político puede entenderse como el conjunto de prácticas y principios que al institucionalizarse logran proteger la libertad y los derechos bajo el principio de legalidad y un estado que la garantice.

Y aunque no ha sido fácil llegar a un consenso de su definición la verdad es que la democracia comporta toda una serie de elementos, incluso medibles en que, como mínimo, las características fundamentales de una democracia deben incluir un gobierno basado en la regla de la mayoría y el consentimiento de los gobernados; la existencia de elecciones libres y justas; la protección de los derechos de las minorías; y respeto por los derechos humanos básicos.  Una democracia presupone la igualdad ante la ley, el debido proceso y el pluralismo político.

Numerosos estudios dan cuenta de todos los aspectos que dan vida a una democracia como fenómeno social que es y que se expresa de distintas formas según las personas tratan de precisarla y definirla; hoy por hoy un constructo definitorio para determinar el futuro sustentable de una sociedad; pues su deficiencia nos lleva a lo contrario, en un régimen autoritario, de terror y de miseria.

El Índice de Democracia, por ejemplo, publicado por The Economist Intelligence Unit señala cinco áreas de evaluación: el proceso electoral y su pluralismo, el funcionamiento del gobierno, la participación política, la cultura política y las libertades civiles, por lo cuales se puede determinar qué tanto un país es democrático.

Cada uno de estos puntos a su vez implica otros.  Así, desde este estudio, los valores del índice se utilizan para ubicar a los países dentro de uno de los cuatro tipos de régimen: Democracias plenas; defectuosas; Regímenes híbridos; y Regímenes autoritarios; y su escala abarca centésimas.

Modelos

Las Democracias plenas son países en los que no solo se encuentran las libertades políticas básicas y las libertades civiles respetadas, sino que también tienden a estar respaldados por una cultura política propicia para el florecimiento de la democracia. El funcionamiento del gobierno es satisfactorio, los medios son independientes. Existe un sistema eficaz de controles y contrapesos; el poder judicial es independiente y las decisiones judiciales son cumplidas a cabalidad.

En las Democracias defectuosas hay elecciones libres y justas y se respetan las libertades civiles básicas. Sin embargo, existen problemas de gobernanza, una cultura política subdesarrollada y bajos niveles de participación política.

En los regímenes Híbridos las elecciones tienen irregularidades sustanciales que impiden que sean libres y justas. Además, existe presión del gobierno sobre los partidos y candidatos de la oposición, así como también hacia los medios de comunicación y al poder judicial. La corrupción tiende a ser generalizada y el Estado de Derecho es débil.

En los Regímenes autoritarios el pluralismo político está casi ausente. Existen muchos abusos a las libertades civiles, en muchos casos represión directa. Además, la independencia judicial no existe.

Cabe señalar que una república no necesariamente es mejor que una monarquía constitucional, ni un sistema presidencialista mejor que un sistema parlamentario.

Podemos sostener que México se encuentra entre las democracias defectuosas e hibridas. Nos encontramos en una sociedad cuyo ritmo lo marcan las personas y no las instituciones; donde las reglas de la política son definidas mediante meta reglas y donde las prácticas de los deberes entre lo correcto y lo incorrecto se definen, no en los tribunales, sino en las reglas del mercado.

*Maestro en derecho por la Universidad de Guadalajara y Doctor en Ciencias Sociales por el Colegio de Jalisco.

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