El canto luminoso de Raúl Zurita

  • El poeta chileno llegó al Salón de la Poesía de la FIL para hacer una lectura de su obra, y contagió su amor por la poesía

 

Efecto Ezpiral.-

 

Un brindis de tequila blanco entre el poeta Raúl Zurita y su presentadora, la también poeta Carmen Villoro, fue el preámbulo de la lectura poética que comenzó un par de minutos después de que ambos dijeran “¡Salud!”.

46073611792_4b8246e54b_zUn Salón de la Poesía lleno y expectante recibió la presencia de Zurita y su figura permanentemente reclinada sobre la hoja de papel, incluso al ponerse de pie sobre el escenario, para dar lectura a algunos de sus poemas.

En sus palabras de introducción, Villoro dijo que así como «de la voz de la abuela Josefina surgían los pasajes de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, así desde entonces se fue conformando la voz interior de Raúl Zurita, que habría de surgir más tarde en forma de poesía».

«Descubrió que el infierno estaba en la Tierra cuando a los 23 años, durante los primeros días posteriores al golpe militar encabezado por el dictador Augusto Pinochet, fue detenido y torturado. Su concepción del arte en general, y de la poesía en particular, rebasa la hoja de papel», señaló.

Zurita, de formación ingeniero, «rompió las estructuras para crear otras estructuras en el lenguaje», agregó Villoro.

Acto seguido, el poeta chileno se levantó impetuoso de su sillón y, empuñando el micrófono, dio comienzo a su lectura de poemas como “La noche” o “Vida nueva”. Así, sin parar, uno tras otro, los versos de Zurita se sucedieron, por momentos acompañados del rumor de su garganta, que cantó una u otra palabra.

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Uno de los poemas primeros que leyó fue “Del amor de Chile”, que comienza así:

“Del amor de Chile, del amor de todas las / cosas que de norte a sur, de este / a oeste se abren y hablan / Los torrentes y los nevados que se tocan / y hablan amándose porque en este mundo / todas las cosas hablan de amor; / las piedras con las piedras y los pastos / con los pastos».

Poemas en los que recordó a su padre, a su patria chilena, ese «país roto» de sus versos, y a la noche o la vida, contagiaron al público, que en todo momento escuchó emocionado e incluso derramó algunas lágrimas en el punto más emotivo de la velada, cuando Zurita terminó de leer las páginas que tenía entre las manos y recitó un poema de memoria.

Carmen Villoro cerró la sesión dando lectura a un poema que recién había escrito un momento antes y que respondía de alguna forma a lo leído por el autor chileno:

«Cantas y ardes, Zurita / y aunque nada exista / todo queda quemando. / Por el barbecho de tu pecho que cosecha relámpagos / por el surco de tu herida / la nieve de tu voz nos hiere. / Gracias por tu cuerpo, Zurita / que deshiela nuestros glaciares».

Con una reverencia y un apenas audible «muchas gracias», el poeta chileno volvió al silencio de donde había emergido durante unos minutos.

Fotos: Cortesía de FIL Guadalajara

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