Columnas

La decepción de los idealistas

Lawrence Daniel Parra Sulbarán. –

Usualmente cuando se hace referencia a “totalitarismo” o “regímenes totalitarios de gobierno”, la gente tiende a relacionarlo con la Alemania Nazi, la dictadura franquista y, en el caso de Latinoamérica, casi siempre el término es relacionado con la dictadura de Augusto Pinochet, todos estos son sistemas que representan a la derecha rancia, pero, en una conversación rara vez la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el socialismo cubano, el Sandinismo, o la Revolución Bolivariana, de Venezuelase utilizan como ejemplos de totalitarismo.

file-1La pregunta es: ¿Por qué es más sencillo, para la psique latinoamericana asociar el totalitarismo con los sistemas políticos de derecha que con los de izquierda? si en realidad ambos tipos de regímenes pueden tornarse totalitarios  utilizando incluso, los mismo o similares métodos de control  coercitivo social, y es que totalitarismo es toda aquella conducta que pretenda obligar a los individuos de una sociedad a seguir una sola línea de pensamiento, se trata  censurar y reprimir cualquier idea o actividad que disienta de los preceptos que impongan las esferas de poder y para ello, quien ostente una premisa a la que quiera convertir en la única opción para desarrollar una vida, se vale de cualquier instrumento para influir y penetrar en la mente humana, los regímenes de corte totalitario han tenido algunos puntos de coincidencia a lo largo de la historia en su gestación.

En este sentido, los sistemas absolutistasde la izquierda, casi siempre se han valido de una coyuntura social para presentarse como ese cambio anhelado, básicamente se sujetan del hastío de la gente y sus ganas de castigar a los esquemas convencionales para así arribar al poder; veamos tres casos vigentes: como el de Cuba, donde la revolución llegó para hacerle frente a la dictadura de Fulgencio Batista, o Nicaragua donde el Frente Sandinista puso fin a la hegemonía de los Somoza, y en Venezuela la llegada de Hugo Chávez acabó con el entonces desgastado bipartidismo.

Una vez tomado el poder, persuadir mediante la penetración de aquellos entes que guíen la opinión pública; los medios de comunicación conjuntamente las instituciones religiosas son el principal flanco para comenzar la tarea. Posteriormente aparece la difusión del discurso con el uso de términos ambiguos que siempre van a estar supeditados a la interpretación colectiva, estos dos factores se combinan con la euforia de las personas que por fin tienen un líder que se parece a ellos, un líder que entiende al pueblo, además de un excelente aparato de publicistas, comunicólogos etc., a través de ello, poco a poco, sin que las masas lo noten, se va creando un cerco institucional y los componentes Estado pierden autonomía convirtiéndose en brazos activos  de un partido político  (dicho partido, que siempre pone en su nombre adjetivos como: popular, socialista, democrático, revolucionario, regenerador… pero eso es netamente doctrinal, para confundir y envolver a la gente).

La verdad, es que cuando la estabilidad en el nivel de apoyo de la masa se rompe, por una determinada circunstancia, que afecta su cotidianidad, estos regímenes de izquierda no escatiman en usar la violencia y los métodos que otrora criticaron para volver a retomar el orden social que ellos desean mantener y muchas veces perpetuar, un caso de fácil acceso es el ocurrido este año en Nicaragua, la estabilidad se rompió cuando una decisión gubernamental sobre del aporte patronal y del trabajador en el seguro  social de ese psis afectó a amplios sectores de la sociedad  nicaragüense, lo cual desató protestas, mismas que fueron respondidas con represión por parte de las Fuerzas Armadas (que son tratadas en los regímenes totalitarios como instrumentos de dominacióny amenaza para que los ciudadanos no defienda sus causas), aunado a ello, este tipo de estructuras sociales suelen volcar al pueblo contra sus iguales por las diferencias ideológicas y es así como se crean los grupos civiles armados.

Las protestas en Nicaragua han dejado según la CIDH un saldo de 322 muertos y extraoficialmente 450, el accionar de dicho estado centroamericano comprueba que el totalitarismo no tiene tendencias y solo es una forma de conducir a un conglomerado bajo el velo del autoritarismo, pero, lo que más causa asombro es que  deja ver que la aplicación socialismo-comunismo en la región latinoamericana es una gran estafa ideológica que utiliza la esperanza y aspiraciones del ciudadano  como piezas de un proyecto político y económico fracasado. Ya se hace costumbre ver a líderes que enarbolan banderas de humanismo, libertad e igualdad, pero, pretenden llegar ellas después de generar matanzas y debacles económicas prominentes.

 

Twitter: @lawrence_dps

Instagram: @lawrenceparra

Categorías:Columnas, Política

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