Columnas

América Latina en una cuartilla

Las huellas imborrables de Venezuela

 

Lawrence Daniel Parra Sulbarán.-

 

Para comenzar este relato vale la pena remontarse al 2013, Venezuela aparentemente tocaba fondo, convulsión en la política, bajo un régimen que utilizaba (y sigue utilizando) la dialéctica entre ricos y pobres para mantener separada a la sociedad, la palabra “pueblo”, se convirtió en sinónimo de simpatizante y la disidencia es “apátrida, escuálida, ultra derecha…” En ese año la crisis económica galopaba, a la par la censura en los medios de comunicación era el pan nuestro de cada día, también el adoctrinamiento en todos los niveles educativos y la invasión cubana tanto en la escena civil como militar ya estaban presentes.

En aquel 2013 Chávez, aunque enfermo y desaparecido de la esfera pública seguiría su  mandato pues fue supuestamente reelegido en diciembre de 2012, pero, “el pueblo”, no sabía sí celebrar porque la “Revolución Bolivariana” continuaba o llorar porque su líder agonizaba en alguna parte del mundo que no se conocía a ciencia cierta, la nación se encontraba en un limbo, marzo trajo una noticia que enlutó a algunos e hizo festejar a otros, Chávez murió, después de 2 décadas se pensó  que la opacidad creada por el “Socialismos del siglo XXI” terminaba, no obstante, no fue así por el contrario se transformó en un mártir.

 “Comandante Eterno”, fue el apodo que le dieron a Hugo Chávez Frías los políticos que quedaron designados por él mimo para seguir erigiendo la dictadura, hábilmente estas nuevas viejas caras se valieron de la parcialidad de Poderes Públicos que ya hace mucho tiempo carecían de autonomía, pues así lo quiso su predecesor, además utilizaron la colaboración de algunos políticos que se dicen “oposición”, para hacerse del poder. Era tanto el control psíquico que tenía el exmilitar sobre sus adeptos, fue tanta la manipulación y la exaltación de su imagen después de muerto, que dicho control se tradujo en un fanatismo desmedido que obnubiló a un porcentaje de la población, una de las acciones más radicales que varias personas realizaron fue tatuarse la firma, el rostro e incluso la mirada de su comandante en el cuerpo. Esa, es una muestra de la sugestión que logró el totalitarismo marxista-stanlinista que consolidó el chavismo en Venezuela.

Sin embargo, hoy cuando por fin se rompió la burbuja del comunismo, cuando se están padeciendo los resultados del control absoluto de un partido político sobre todas las instancias del Estado, hoy que afrontamos escasez de productos y servicios vitales para subsistir generada de la expropiación de empresas otrora productivas, en las que el gobierno pasó a ser regente directo de las actividades económicas y por supuesto el quiebre de la industria petrolera pues esta se convirtió en la caja chica de los que ostentan el poder y la financiación del adoctrinamiento ideológico a los ciudadano; hoy cuando la inflación carcome los bolsillos delos venezolanos y el Bolívar, pierde alrededor del 3% de su valor diario, todo apunta a que  ya es demasiado  tarde para frenar  lo que fue la “crónica de una muerte anunciada”, tomado para estos fines el título de uno de los libros de Gabriel García Márquez.

Hoy cuando la mayoría de los países que integran el hemisferio occidental conciben al régimen como una dictadura y a lo interno de dicha nación, se afronta una reconversión monetaria que simboliza la mayor devaluación de la historia para este territorio y la destrucción de lo que queda por fulminar, el Fondo Monetario Internacional prevé un millón por ciento de inflación, de seguro más de un tatuado está arrepentido.

Lo que es peor, algunos, son consciente de que podría ser demasiado tarde por múltiples razones: en este momento la  principal es que pocos se atreven a decir cuál es el problema real, ya que se trata a las consecuencias como si fuesen el problema en sí y eso no es verdad; la escasez, la corrupción, la falta de independencia en los Poderes del Estado representan a  las consecuencias del problema que es el sistema comunista, que planteó por primera vez el Karl Marx, quien  escribió en un momento muy particular de la historia en el cual quizá tenía algo de razón, pero, que ya a estas alturas está totalmente descontextualizado. Él dice que el comunismo es una etapa perfecta a la que ninguna sociedad moderna ha podido llegar, ¿saben porque no se ha podido alcanzar?, porque ese proceso implica robarle al ciudadano sus atribuciones republicanas, convirtiéndolo en parte de una masa inerte, se traduce en quitarle las aspiraciones individuales porque en el comunismo el concepto de igualdad es un yugo que impide el crecimiento en todos los ámbitos, representa muerte y destrucción, huellas que han marcado a más de 30 millones de personas de un pequeño gran país al norte de Sur América y que al igual que los tatuajes que un día se hicieron para honrar a un líder se volvieron imborrables.

Twitter: @lawrence_dps

Instagram: @lawrenceparra

 

 

 

Categorías:Columnas, ezpiral, Política

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