Cultura

40 años de Porrúa y homenaje a José María Muriá

Diana Rubio.-

 

Sábado de Buen Fin bajo un toldo blanco donde se oferta  la palabra.  El presentador anuncia que será una tarde memorable, hay que tomar asiento porque habrá un gran homenaje. No está la televisora ni se ven las  grandes cámaras. Los que están sentados saben de qué se trata y por eso llegaron temprano, ellos no hacen cuentas ni suman pesos irreales para tratar de comprar todo eso que  la mayoría  quiere y a pocos metros de ahí hacen filas por el mes más barato del año, dicen. Quien conozca las ferias de libros, sabrá que también los hacedores de la palabra suelen ser como esos artistas de la televisión, que arrastran gente y también hacen cola para una dedicatoria, para una foto,  una selfie  y desde luego el autógrafo. Ahí bajo ese toldo también hay encantadores, fabuladores y esos personajes que también sacan el aplauso, la risa y la admiración. Ellos no cantan, ni cuentan chistes burdos ni mandan besos y mucho menos se quitan la camisa, pero vaya que entusiasman y sacan suspiros y lágrimas por el recuerdo de las historias leídas.

    A falta de sillas parados, qué importa, o   sentarse así, medio apretado,  encogido  y recargados en los pilares para  oír lo que habla ese señor, que según dijeron es historiador y se le va a entregar un premio como bibliófilo. ¿Qué será eso? Un bibliófilo es el que tiene muchos libros y lee mucho, se oye decir. Los curiosos se detienen, es sábado y los sábados no hay prisa y si hay que  espere. Aparece  un vagabundo de pelo ensortijado  y pide monedas, se atraviesa entre el público y estira la mano. Nadie le da, queremos que se vaya porque nos tapa y al historiador hay que verlo completo. El hombre historiador, homenajeado, es José María Muriá, que de inmediato nos introdujo al tema de los libros y la edición, en especial los libros de Porrúa. De pie y con micrófono en mano narra y se  emociona al recordar los libros más conocidos de México,  40 años  de editar para el alcance del mexicano.  Miguel Angel Porruá, un conocedor de la literatura del siglo XIX,  el editor más conocido de México, comenta el historiador y nos comparte cómo conoció al editor.  El vagabundo camina hacia el estrado y estira la mano y  le pide dinero a José María Muriá,  se escuchan risas.

Muriá

“Espérate tantito, vete para allá…ya que acabe… sí ya que salga de aquí nos vamos a La Fuente”, La cantina más famosa de Guadalajara, donde los intelectuales van a echarse la copa y a conversar.  El público suelta risas  espontáneas, el historiador también  ríe. Segundos de risa y carcajadas,  el vagabundo se va, no entiende qué le dijeron,  voltea y se aleja como temeroso con su caminar zinzagueante,  no vaya a ser que Muriá se baje y le de un librazo, pero no, nada de eso, él pide monedas, anda en su mundo,  se pierde entre la gente y los libros, a ver si allá tiene mejor suerte.  Es la VIII Feria de Libro Usado, es Guadalajara, Jalisco. Feria  preocupada por ofrecer buenas actividades culturales, lecturas y veladas con escritores de renombre en plena calle, en este caso el Andador Pedro Loza e Hidalgo.  Guadalajara cuna de escritores, levantas una piedra y sale un poeta, dicen.  Hubo mucho que ver y comprar bajo los portales de la Presidencia Municipal. El historiador José María retoma la palabra después de la interrupción,  se dirige al público y pregunta ¿en qué estábamos? Y todos vuelven a reír, alguien le soplan, es verdad dice y continúa  como buen encantador que es. Mentira que la historia es aburrida y quienes la escriben son gruñones.

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