
Dijo que mis labios tenían la forma de un ave en pleno vuelo
al escucharlo caí, en estampida a la ciudad prominente entre las dunas de su equilibrio
me enfrenté a un vacío cuadrado y contradictorio a sus palabras
di media vuelta con mis piernas y brazos adoloridos
emprendí la caminata hacia el bosque, entre las fieras,
aprendí a defenderme, bajé la guardia
compré un cortaúñas, soplé un diente de león frente al abismo
miré mis manos atrapar soles a cada atardecer para guardarlos
y sólo así asegurarme de amanecer
compré peces para suavizar los errores
y escuché solemne cada campanada de una llamada a misa
comulgué con el luto
puse a enfriar la fiebre en una hielera improvisada
me vestí de espejos
tuve miedo, apelé a mi suerte,
llegué a una fiesta de unicornios y estrellas marinas
los colores de las cosas cambiaron
y brindé, porque ya no es vuelo sino luz la forma de mis labios.
Violeta Rivera
Del libro Corazón de madroño