Por Juana María Ramírez
• Kike Vázquez y Luz Zenteno convierten experiencias, humor y preguntas incómodas en un libro que busca derribar prejuicios sin sermones ni condescendencia
Hablar de discapacidad sin solemnidad, sin lástima y sin miedo a hacer preguntas incómodas es la propuesta de Paráfrasis Cerebral, de editorial Aguilar, el nuevo libro de Kike Vázquez y Luz Zenteno, quienes decidieron abordar el tema como si estuvieran conversando con amigos: con honestidad, humor y mucha cercanía.

Platicamos con ellos durante la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, nos cuentan que la idea surgió durante unas vacaciones, cuando ambos se dieron cuenta de que en las librerías había numerosos textos sobre diversidad, inclusión y discapacidad, pero pocos que hablaran de la experiencia cotidiana desde la voz de quienes la viven, sin convertirla en una historia de sufrimiento o superación.
Entre anécdotas, humor, preguntas incómodas y hasta “chismecito”, Paráfrasis Cerebral está planteado como una conversación entre amigos, de esas en las que uno puede decir incluso la opinión más desafortunada sin miedo a ser juzgado, para después detenerse a pensar de dónde salió.

Y para conseguirlo, el libro incorpora ejercicios, preguntas y espacios para escribir. La intención es sencilla, pero no menor: cuando una persona escribe lo que piensa y después lo vuelve a leer, puede descubrir ideas que ni siquiera sabía que tenía.
Ahí está una de las apuestas más interesantes de Paráfrasis Cerebral: en lugar de decirle al lector qué debe pensar, lo lleva a preguntarse por qué piensa como piensa.
“Así nos enseñaron” ya no es suficiente
Uno de los temas que atraviesan la conversación es el de los prejuicios que aprendemos desde pequeños.
Es fácil decir que determinadas ideas forman parte del sistema, que así nos educaron o que eso fue lo que vimos en casa, en la escuela o en la televisión. Pero los autores plantean una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando dejamos de repetir aquello que nos enseñaron?
Porque haber recibido una idea no significa necesariamente que tengamos que conservarla.
El libro propone justamente ese ejercicio: poner las creencias sobre la mesa y observarlas. No desde la culpa, sino desde la posibilidad de cambiarlas.
Y quizá ahí radica una de sus mayores virtudes: hablar de discapacidad sin asumir que únicamente las personas con discapacidad tienen algo que aprender.
“Hay maneras diferentes de ver las cosas, pero no podemos cambiar si no hacemos el ejercicio de recordar experiencias propias”, explican.
“Una cosa es que te lo enseñen así y otra que tú lo sostengas”, explican al hablar de los prejuicios que heredamos de la familia, la escuela, la televisión o la sociedad.
Y es precisamente ahí donde la propuesta adquiere mayor fuerza: preguntarse qué pasaría si un día dejamos de pensar de la manera en que aprendimos.
El humor como puerta de entrada
Kike Vázquez, psicólogo, terapeuta familiar, comediante, activista y actor, conocido por su participación en Ojitos de huevo, aporta al libro su experiencia personal de vivir con parálisis cerebral, pero también una mirada profesional y crítica.
El resultado es una combinación que busca hacer accesible un tema que muchas veces se aborda desde discursos demasiado serios.
Luz Zenteno, lingüista y pareja de Kike, fue una de las voces que impulsó que el libro conservara ese tono divertido y cercano que caracteriza la manera de comunicar de Vázquez.
La apuesta es clara: el conocimiento no tiene por qué ser aburrido y hablar de discapacidad tampoco tiene que convertirse en una clase o un regaño.
“Nos gusta pensar en democratizar el conocimiento”, señalan.
Pero detrás del humor hay una invitación a mirar hacia adentro. Los autores sostienen que las personas sin discapacidad también forman parte de esta conversación, porque los prejuicios y las barreras sociales no aparecen de la nada: se construyen, se aprenden y también pueden cuestionarse.
Más que autores, una conversación a dos voces
Durante la entrevista resulta difícil no reparar en la complicidad entre Kike y Luz. Se nota que existe entre ellos una relación cercana, de confianza y mucho amor, pero también una dinámica en la que pueden confrontar ideas y complementarse.
Y quizá esa complicidad es parte de lo que hace que Paráfrasis Cerebral se sienta diferente.
También sorprende descubrir distintas facetas de Kike. Detrás del comediante aparece un hombre con una mirada particularmente aguda, capaz de hablar con claridad y conocimiento sobre temas que ha estudiado, vivido y cuestionado durante años. El humor está ahí, pero no es lo único que define su voz.
Luz, por su parte, tiene un papel fundamental en la construcción de esa mirada compartida. Su presencia evita que la conversación quede encerrada únicamente en la experiencia de una persona con discapacidad y plantea algo importante: la discapacidad también interpela a quienes no viven con ella.
Porque mirar hacia otro lado con el argumento de “eso no me corresponde” también puede convertirse en una forma de mantener las barreras.
En el caso de Kike, además, sorprende descubrir cuánto hay detrás del personaje público y del comediante. El humor es una de sus herramientas, pero cuando habla del tema aparece también una inteligencia aguda y una capacidad para explicar con claridad asuntos complejos, desde la experiencia y el conocimiento.
Luz, por su parte, aporta una mirada que amplía la conversación y recuerda que la discapacidad no es un asunto que corresponda únicamente a quienes tienen una discapacidad.
El resultado es un libro que busca que nadie se quede únicamente como espectador.
Porque quizá de eso se trata Paráfrasis Cerebral: de dejar de mirar la discapacidad desde lejos y comenzar a preguntarnos qué ideas hemos aprendido, cuáles repetimos sin cuestionarlas y qué podemos hacer con ellas.
Sin discursos solemnes, sin regaños.
Y, sobre todo, sin miedo a hacernos las preguntas que quizá nunca nos habíamos atrevido a formular.