Con Mirada Bien Tapatía
Dolores Díaz Maestra en Ciencias Políticas y Culturales

Tomar el café por la mañana se volvió un hábito, abrir el celular y comenzar a leer noticias del día, las portadas de los periódicos y los debates interminables de las personas que conviven en la red social X. Entonces, llegaron a mi mente recuerdos de cuando visitaba la cafería de la Estación de lulio, esa que estaba ubicada en la calle Libertad de Guadalajara a media cuadra de la avenida Chapultepec, quedaba a unas cuadras de mi casa y llegaba caminando por un expreso, en la primer mesa estaban varios ejemplares, y circulaba entre los visitantes y parroquianos asiduos con quienes no sólo se compartía el café y los periódicos, también se intercambiaba opinión.
Ese café fue por muchos años un referente para la comunidad cultural, política y parecía que el café para algunos era fuerte, y para otros era el adecuado, entre sus equipales podrías observar llegar al presidente de un partido político, otro artista; escritor, artistas plásticos, o de teatro sentado en la mesa contigua, fue una época de mucha interacción, se vendían libros, escuchabas propuestas políticas y era muy común que llegaran músicos a tocar melodías mientras las personas desayunaban o comían.
En el exterior había un señor que cuidaba de los carros quien pronto se convirtió en el capo de los cuidadores, era de los consentidos del consulado americano, ya que hablaba algunas palabras en inglés y francés cuidaba de los autos en la calle Libertad, lo conocíamos como “El Mister” quien sabía decir que famoso o político comía en el restaurante de enfrente, ese lujoso que se reconocía por su alta cocina y pisos de color blanco y negro.
Después, emigré para Zapopan, esta ciudad que prometía la ciudad de los niños y las niñas, suponía que llegaría otra etapa en mi vida donde podrían crecer mis hijos, esperaba ver parques, museos y jardines, espacios dedicados para los niños y las niñas del municipio. Al principio me llamó la atención que había demasiados fraccionamientos, cotos, y la vialidades no estaban hechas para caminar, lo pasé por alto y comencé a acudir al MAZ y al trompo mágico, las entradas de los jueves eran gratuitas, el costo del estacionamiento era accesible, poco a poco fui descubriendo que se centraba en el consumismo y la oferta cultural de caferías que tiene la perla tapatía no la encontraba.
Con esmero encontré un café en el cual había un librero que decía toma uno y dejan uno, fue como comencé a intercambiar libros, dejaba uno y me llevaba otro, pero un día cerró la cafetería ubicada en la avenida Servidor Público, cerca de una plaza comercial. Entonces, la expectativa de saber en qué se convertiría ese espacio era alta, pronto la comenzaron a amueblar y descubrimos con tristeza para los amantes del café que terminó en convertirse en una carnicería.
A los meses posteriores descubrí un Starbucks ubicado frente a Valle Real en el fondo había un librero y también intercambiaban libros, comencé con mi práctica de dejar libros y tomar otro, descubrí buena literatura, mientras en la escuela de mis hijos se propuso una red de papás y mamás lectores, los cuales acudimos una vez a la semana y leemos a nuestros hijos, esta red nos sacó a flote en la lectura con nuestros recursos y de forma independiente. La escuela fue reconocía pues fuimos más de treinta mamás y papás luchando por tener una biblioteca en la escuela niños héroes, pero no había quien atendiera, estos espacios destinados para la lectura, y la promesa de la ciudad de los niños y las niñas cada día se diluye, pero lo que se encuentra al paso son plazas comerciales, el trompo mágico cambió de nombre y el costo de ingreso se volvió irrisorio para quienes tiene más de un hijo, sin contar que el estacionamiento también aumentó siendo una burla para todas las escuelas que acudían con regularidad al museo dedicado para los niños.
Las ciudades han dejado de habitarse como una comunidad, las plazas públicas se sustituyen por las plazas comerciales, y la seguridad se recarga en la cuota a pagar en el coto, y el espacio de recreación se reduce al parque que por obligación por habitantes debe existir. Entonces, los parques públicos, y oferta cultural para los niños y las niñas se desvaneció. Somos una sociedad que requiere un país lector, pero es nulo el compromiso con las empresas para incentivar la lectura. Pero, las generaciones venideras exigirán lo que por derecho les pertenece, que es el espacio social y cultural. Los espacios de espectáculo gratuito ya demostraron que las personas desean tomar lo suyo.
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