- El libro propone, no tanto una receta moral sino un manual del terreno: saber qué se juega, cómo se articulan los actores y qué estrategias usar para no sucumbir ante la dinámica mediática
Juana María Ramírez.-
Con un título deliberadamente provocador, Julio Alberto Rubio Pérez presentó en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara su libro: Domina los Medios. Para manipular la opinión pública, una obra dirigida a políticos, jefes de prensa y líderes que buscan entender y operar la relación con los medios en la era digital.
En algunos puntos demasiado franco con la realidad que bordea la relación de los medios de comunicación con los políticos, otras un tanto reflexivo, pero siempre analítico desde una realidad cruda, pero realidad al fin Julio Alberto Rubio Pérez, nos habla de su libro y de las razones para escribirlo, ¿Por qué no?, dice, aunque duela, es la realidad de lo que ocurre.

“Es una guía para quienes pretenden tener contacto con los medios sin tener contacto con las masas”, dijo Rubio Pérez durante la entrevista en uno de los stands de la FIL Guadalajara a donde vino a presentar su obra. El autor afirma que el libro no es un panfleto moralizante, sino un manual práctico que explica desde las diferencias técnicas entre transmisión analógica y digital hasta las nuevas palabras del periodismo: posverdad, fake news y podcast.
Rubio Pérez enfatiza la transformación tecnológica: “La radio se transmitía por ondas radioeléctricas; hoy el streaming viaja por Internet y fibra óptica. Eso cambió formatos y términos, y exige que políticos y comunicadores sepan distinguir géneros periodísticos —nota, reportaje, columna— y la diferencia entre información y noticia”. Esa distinción, subraya, es clave para evitar confusiones durante coberturas y crisis mediáticas.
“Tenemos, ese gran problema, que las audiencias se creen todo. Y las audiencias son también los políticos. Este libro se hizo con el fin de que lo que detentan el poder… ¿Que pretenden detentar el poder o tienen un liderazgo?, si quieren tener un liderazgo con las masas o ser líderes de partidos que sepan diferenciar. Para que le puedan abrir las puertas a los medios de comunicación y a los representantes de los medios de comunicación y no choquen”.
A juicio del autor, quienes gobiernan y quienes aspiran a gobernar deben aprender a trabajar con la prensa: “Los jefes de prensa existen para facilitar el trabajo de los comunicadores, no para cerrarle la puerta a quien no es aliado”. En ese sentido, dedica capítulos a las características que debe tener un coordinador de comunicación: acceso directo al político, criterio informativo y operatividad.
Rubio Pérez también plantea con franqueza que el libro no impone comportamientos éticos: es una guía del terreno que explica cómo se articulan actores y mecanismos; cada quien decidirá su práctica. Señala además casos contemporáneos de confrontación entre poderes y medios y explica por qué los gobiernos deben facilitar el trabajo informativo y no discriminar a comunicadores.
Domina los Medios es un ensayo académico y práctico para quienes quieran comprender —y en su caso dominar— la construcción de la opinión pública en tiempos de posverdad y redes sociales.
Verdades incómodas
En el libro también se aborda la relación económica entre poder y prensa. “Los medios son empresas; no funcionan con saliva, funcionan con dinero”, afirma el autor. Rubio Pérez señala que los convenios publicitarios pueden crear complicidad y erosionar la credibilidad editorial, mientras que los gobiernos que intentan imponer agendas chocan con la dinámica independiente (y mercantil) de los medios.
Rubio Pérez no esquiva la crudeza: “El periodismo no es para pobres”, dice, al denunciar la precariedad salarial que facilita prácticas clientelares y corruptelas. Asimismo, examina el fenómeno de políticos que crean sus propios medios o priorizan redes sociales en busca de control y likes, advirtiendo que esa estrategia no siempre sustituye la influencia de medios tradicionales ni la atención crítica de las audiencias.
“Si eres pobre, buscan manipularte porque te van a atender una necesidad inmediata, y tú vas a tener que acabar como el perro agradecido, al político que te encuentres y cada que te veo te da tu croqueta y tú eres feliz como reportero, eso es lo que pasa en el país. Los periodistas hemos sido cómplices de todo el mugrero, toda la corrupción que hay. Esa es la verdad. Si el país está con las patas para arriba. Es porque el periodismo, los medios de comunicación han sido cómplices de todo este desorden de toda estas tranzas”.
El nivel de la balanza
El autor cita confrontaciones recientes entre actores políticos y grandes empresas mediáticas como evidencia de la mezcla de intereses empresariales y mediáticos que, según él, utiliza el medio como arma defensiva, como es el caso de Ricardo Salinas con Claudia Sheinbaum. Su propuesta, resalta, no obliga a la ética: ofrece criterios y herramientas para que quien lo lea sepa “qué se juega” al interactuar con la opinión pública.

“Porque tenemos que partir del principio que los medios de comunicación son empresas privadas, y no funcionan con saliva, funcionan con dinero. ¿entonces los políticos que quieren? Que el periodista venga de la estación, de radio, el dueño del portal de Internet que vayan y no les cobran sus eventos, que sea gratis. Y quieren que hablen bien de ellos. No quieren que le señalen sus errores, Entonces muchos de los políticos llegan a la conclusión que ellos mismos manejan sus redes sociales. Y si van a echarse unos tacos, si van a echarse un menudo, pues ahí transmiten, porque ellos solo buscan likes”
“A Claudia (Sheinbaum) no le está funcionando y vaya que Claudia tiene sus medios aliados. sigue pagando igual. Nada más que ellos quieren imponer la agenda a los medios. Ellos se aferran en poner la agenda en los medios. Por entonces hace sus mañaneras, pero es imposible que imponga la agenda de los medios. Más bien los medios le imponen la agenda, ellos, los medios hacen que a través de la opinión pública que el Gobierno retroceda en muchos, en muchas circunstancias. Esa es al final de cuentas, ese debiera ser la finalidad de los medios seguirle la corriente”.
Se debe de entender, dijo, que “Una cosa es que el Gobierno te pague publicidad y otra cosa es el trabajo que tú hagas. Ya en tu medio es para dar a conocer lo que lo que tú quieras de tu agenda, de la agenda política del país o de tu estado de tu municipio. Si hay actos de corrupción, bueno, pues lo vas a denunciar. Lo que pasa es que el Gobierno pretende, con sus arreglos, con sus convenios, con sus acuerdos con las empresas imponer su agenda”.
Una herramienta útil
¿Por qué escribí esto?, le preguntamos, “Mira, aquí tienes una guía. No es para obligarte a seguir reglas, sino para que entiendas el entorno. Al final, tú eres libre de decidir: si quieres ser un sinvergüenza, un ratero o un periodista que extorsiona porque esa es tu forma de vida, hazlo. Lo mismo para el político: si quieres maltratar al reportero, ignorarlo o hacerlo esperar, haz lo que creas que más te convenga”.
Sin embargo, señala, este ensayo existe y tiene respaldo académico. El hecho de que no abunde material sobre este tema no significa que la realidad no esté ahí: existe una relación de complicidad entre los actores. “Mi objetivo es que cada quien asuma su lugar, pero que nadie actúe desde la ignorancia”.

Algunos políticos se preguntan: «Oye, pasó esto, ¿qué puedo hacer?». La respuesta es simple: habla con la persona. Si alguien busca un dato o un resultado y tú no lo atiendes o huyes, entonces la noticia deja de ser el dato y pasa a ser tu huida.
También debemos aclarar los límites de la vida privada:
Si tienes un conflicto personal (con una pareja o por falta de manutención) y te van a reclamar a tu oficina pública, eso deja de ser vida privada porque el escándalo ocurre en tu espacio de trabajo.
Si te encuentro de compras con tu familia usando una camioneta oficial del Gobierno, eso no es vida privada, porque estás usando bienes públicos para beneficio personal.
Todo esto se explica en el libro: el qué, el cómo y el cuándo. Especialmente hoy, que las crisis mediáticas están a la orden del día porque quienes gobiernan no saben cómo manejarlas.
El libro propone, no tanto una receta moral sino un manual del terreno: saber qué se juega, cómo se articulan los actores y qué estrategias usar para no sucumbir ante la dinámica mediática
Domina los Medios se presenta, así como un ensayo práctico, académico en su planteamiento y explícito en sus diagnósticos, pensado para quienes buscan entender —y, si lo desean, manejar— la opinión pública.