“Nos enseñaron a tener vergüenza de ser quienes somos”

  • El actor Tenoch Huerta participó en el Foro “México, frente al espejo del racismo”, organizado por el diario español El País para reflexionar sobre esta problemática actual

Guadalupe Garibay.-

“Es más fácil hablar de política, religión y futbol que de racismo en México”, declaró el actor Tenoch Huerta en el documental El racismo que México no quiere ver, dirigido por Gladys Serrano y que fue presentado dentro del foro “México, frente al espejo del racismo”, organizado por el diario español El País en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2019.

El documental se muestra cómo el nivel de ingreso en México está relacionado con la variable del color de piel y la existente “tendencia a reproducir modelos blancos o rubios que no representan la composición de la sociedad mexicana”, como señala el investigador Patricio Solís.

Fue cuando se volvió actor y tuvo que enfrentar el racismo que reina en el mundo del espectáculo, lleno de gente con otro ámbito socioeconómico que no concibe que alguien “con exceso de melanina” pueda hacer un determinado papel dentro de una película, cuando dimensionó el tema. “Nos enseñaron a tener vergüenza de ser quienes somos”, remarcó

Feria Internacional del Libro de Guadalajara,
Hablar de diferencias (Foto Cortesía FIL Guadalajara)

Su parte Javier Moreno, director de El País América y moderador del foro, señaló que él mismo conoció el racismo al ser objeto de privilegios por su color de piel durante la primera vez que llegó a vivir a México, donde “existe la construcción equivocada de que preexisten diferencias raciales y que estas importan para acceder a derechos sociales”, como narra el documental.

Yásnaya Elena Aguilar, escritora y activista por los derechos lingüísticos e investigadora ayuujk, puso el dedo en la llaga, al afirmar que en México “estamos en un sistema racista, ya sea por el color de piel u otras características, un sistema instaurado por el colonialismo pero que, además, está sustentado en todo un régimen legal, en un entramado que lo sustenta y que va haciendo operaciones en el discurso incluso científico, dado que la ciencia en algún momento justificó el racismo biológico. Racismo no sólo es pensar que una raza es mejor que otra, sino que existan razas biológicas”.  Agregó que “el Estado sigue administrando el racismo, a pesar de que se habla de igualdad, pues en los hechos el acceso a la justicia y la educación sigue estando permeado por el racismo, ligado a su vez con el patriarcado y el colonialismo. Se lee lo indígena como una raza, se racializan las categorías que en realidad son políticas”.

El racismo “se legalizó durante la Colonia, y que todo aquello que está legalizado hace que los hombres o las mujeres crean que tienen más derechos; el racismo, cuando fue legal, construyó una sociedad que se creía mejor que otra. El problema es que al ser legalizado fue legitimado, y el deseo de mantener esa legitimidad hizo sentirse mejores a unos, lo cual es el principio político básico de la distinción amigo-enemigo, la distinción del otro, de saber que eres diferente al otro y lo necesitas para construir tu identidad”, apuntó el escritor Emiliano Monge.

 

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