La fuerza de las imágenes de Valeria Gallo en “Raros”

  • La ilustración como lenguaje para contar lo que no necesita palabras

Juana María Ramírez.-

La rareza no siempre es un defecto. A veces es justo aquello que nos vuelve únicos, señala Valeria Gallo, al hablarnos de su libro “Raros”, que presentó en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, un libro álbum silente que propone mirar la diferencia desde otro lugar: no como algo negativo, sino como una condición natural de lo humano.

La historia presenta el encuentro entre dos grupos de personajes que se observan con extrañeza mutua, sin darse cuenta de que todos, en algún momento, somos “raros” para alguien más, un libro interesante si tomamos en cuenta que no tiene ningún diálogo, solo a través de las imágenes que nos van contando la historia, que si, en parte es la aceptación de la rareza del otro, pero también de cómo puede nacer la amistad entre tantas diferencias.

La autora explica que el objetivo del libro no es aleccionar ni imponer una moraleja, sino abrir una reflexión: comprender que la diferencia es parte de la riqueza de las relaciones humanas. “Eso que no es como nosotros es lo que solemos calificar como raro, pero ahí está la diversidad, ahí está la riqueza”, señala.

Sobre la carencia de diálogos nos señala que no es un silencio vacío, sino uno que permite que las imágenes hablen. “Hay historias que se cuentan mejor sin palabras. A veces hablamos de más y las palabras sobreexplican. En estos casos, las miradas, las actitudes y las expresiones dicen todo”. Por ello, aunque el libro carece de texto, no es un libro que no diga nada; al contrario, confía en la capacidad del lector para interpretar lo que ve.

Este diálogo entre imagen y lector es una constante en su trabajo. Incluso en los libros que sí incluyen texto, éste es mínimo y nunca descriptivo, pues la intención es que texto e imagen bailen juntos y se complementen. Para Valeria Gallo, leer un libro álbum como este, implica además desarrollar habilidades específicas como aprender a leer imágenes, interpretar gestos, colores y composiciones. Por eso considera fundamental que niñas y niños se acerquen desde edades tempranas a este tipo de libros.

Explica que no se trata de una competencia entre texto e ilustración, sino de explorar las posibilidades del lenguaje visual. “No pienso que las imágenes sean mejores que las palabras”, aclara. “Hay gente que plantea ese pleito bizantino sobre qué pesa más, si las palabras o las imágenes. Yo no lo veo así”.

Sin embargo, reconoce que actualmente vivimos en una época profundamente visual, lo que también implica una responsabilidad al momento de elegir qué mostrar, “Estamos en un momento absolutamente visual. Por eso también es importante saber elegir qué imágenes usamos para que cuenten algo. Vivimos tan saturados de imágenes que a veces puede resultar hasta abrumador”.

Para la ilustradora, el dibujo es simplemente el lenguaje que mejor domina y con el que logra comunicar lo que quiere decir, “Es el lenguaje que yo sé usar. Los colores, las miradas, los gestos… todo eso también habla. Las imágenes, cuando están bien construidas, pueden comunicar un mensaje muy poderoso sin necesidad de usar una sola palabra”.

Además, destaca que ese lenguaje tiene un carácter universal, “Las imágenes las entiende prácticamente todo el mundo. Por eso me interesa contar historias cotidianas, pero que tengan algo con lo que cualquier niña o cualquier niño pueda identificarse”

El camino hacia las imágenes

Valeria Gallo cuenta que su relación con el dibujo comenzó desde muy pequeña y, a diferencia de muchas personas, nunca dejó de hacerlo.

“Siempre he dibujado. Todos cuando somos niños dibujamos, pero en algún momento nos empieza a dar pena: que si nos dicen que los dibujos están feos o lo que sea, y entonces dejamos de hacerlo. Yo nunca dejé de dibujar”, recuerda.

Durante la secundaria descubrió que existía una carrera que parecía hecha a su medida. “Supe que existía una carrera que se llamaba diseño gráfico y dije: eso es lo mío, porque sonaba a que ahí se iba a dibujar”.

En un inicio pensó dedicarse a la animación, una disciplina que siempre le ha gustado, pero el proceso la llevó a descubrir cuál era la parte que realmente la apasionaba.

“Para hacer animación primero tienes que saber dibujar, incluso si trabajas con computadora. En ese proceso me di cuenta de que lo que más me gustaba era crear personajes, imaginar sus historias para que luego se movieran. Pero entendí que la parte de que se movieran no era lo mío”.

Fue entonces cuando comenzó a buscar su camino en el mundo editorial. En aquella época, explica, el proceso era muy distinto al actual.

“Empecé a tocar puertas. En ese entonces casi no había internet y no existían las redes sociales; te hablo del siglo pasado”, dice entre risas. Gracias a algunos contactos que hizo durante su trabajo en Canal 11, logró llegar a la editorial Alfaguara, que publicó el primer libro ilustrado en el que participó. “A partir de ahí, por el 2002, fue cuando empecé realmente como ilustradora”.

Para Gallo, contar historias a través de imágenes es una necesidad profundamente humana, “Creo que todos tenemos la necesidad de contar historias desde los inicios de la civilización. En las cuevas, los dibujos que vemos ya son historias. Y las historias son lo que nos acerca a los demás. Cuando conoces la historia de una persona, puedes entenderla, ponerte en su lugar, empatizar”.

Incluso, añade, detrás de quienes parecen más difíciles de comprender siempre existe un contexto, “Hasta la gente que pareciera más mala tiene una historia detrás. Las historias nos vuelven más complejos como seres humanos, y entenderlas nos ayuda a crear comunidad”.

La ilustración, dice, es simplemente la manera que encontró para hacerlo, “Contar esas historias a través de imágenes es la forma en la que yo lo logro”.

Creando imágenes

Al hablar de su proceso creativo señala que su trabajo parte casi siempre del dibujo. Como ilustradora de formación, las historias nacen de una imagen, no de una idea escrita.

Raros surgió mientras llenaba una libreta de bocetos con personajes no humanos. Al observarlos, notó que todos parecían serios, incluso molestos, y comenzó a jugar con la idea de que esos personajes se sentían observados como “raros”, sin darse cuenta de que ellos mismos también lo eran.

La trayectoria de la autora se remonta a principios de los años dos mil. Antes de dedicarse de lleno a los libros ilustrados, trabajó en animación, colaborando en Canal 11 dentro de la barra infantil y en casas productoras. Aunque siempre le gustó la animación, con el tiempo descubrió que lo suyo no era el movimiento, sino la creación de personajes y mundos. Esa búsqueda la llevó a tocar puertas en editoriales, en una época previa a las redes sociales, hasta publicar su primer libro como autora en 2004.

Desde entonces ha desarrollado una carrera sólida en la ilustración y la narrativa gráfica. Además de libros álbum silentes como “En sus zapatos”, publicado por Océano en 2021, también ha incursionado en la novela gráfica, un formato que describe como especialmente complejo, pues exige investigación, escritura de diálogos, diseño de viñetas y una cuidadosa composición de página.

Para ella, contar historias es una necesidad profundamente humana. “Desde las pinturas rupestres, los seres humanos contamos quiénes somos a través de imágenes e historias. Conocer la historia del otro nos permite entenderlo, empatizar y construir comunidad”. En ese sentido, considera que la imagen es un lenguaje universal capaz de comunicar mensajes poderosos sin una sola palabra.

Señala que sus historias suelen partir de experiencias individuales que buscan tocar lo universal. En sus zapatos, por ejemplo, narra la relación entre un padre y su hijo, y el enfrentamiento del niño con los prejuicios sociales cuando su padre viste ropa tradicionalmente considerada femenina. Aunque es una historia íntima, está pensada para que cualquier lector pueda reconocerse en ella, aunque sea en un fragmento.

Lo que viene

Actualmente, la autora trabaja en varios proyectos: un libro titulado Fuimos tribu, que reflexiona sobre la creación de comunidad desde lo más básico; otro de corte autobiográfico llamado Catastrófica; y una novela gráfica sobre Carmen Mondragón, Nahui Olin, un proyecto que le ha llevado más de un año de investigación y búsqueda narrativa.

En todos ellos persiste una misma convicción: las imágenes, bien construidas, pueden contar historias profundas, complejas y universales. Y en ese universo visual, ser raro no solo es aceptable, sino necesario.

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