Cómo pica tu sonrisa de chile serrano
que toreas entre el beso y la mordida
mientras tus dos ojitos de cambray miran
fija y encebolladamente
hasta hacerme llorar
no sé si de gusto
o melancolía.
Te digo basta, ¿no ves que soy un viejo?
con mi voz de piedra volcánica
y aún así
sigues
muele y muele gustosa
con los jitomates
que te brotan en un rojo irresistible
alegres
vivarachos
igualitos a los de tu madre.
Me guiñas como acostumbras
una pizca de sal
y otra de epazote fresco
luego metes tu dedo a mi boca
y lo llevas de regreso a la tuya
tal como lo hacía tu abuela
quizá tu bisabuela
no lo recuerdo
allá en otros ayeres
que ni siquiera imaginas
cuando algunos de los negros
éramos los amos y esclavos de la cocina.
Ana Cantú
(Trabajo hecho en el Taller Al Gravitar Rotando)